miércoles, 18 de junio de 2008

Lugar de Interés Etnológico: Fábrica de Harinas «Nuestra Señora del Rosario» de Fuerte del Rey (Jaén, España)

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Reproducimos el magnífico artículo titulado "Patrimonio Histórico y Proyecto sobre el Patrimonio" que en el número 2 (año ¿2001?) de la revista Almenas (Colegio Oficial de Arquitectos de Jaén) publicara el antropólogo Antonio Luis Díaz Aguilar:
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El 24 de septiembre del presente año la Dirección General de Bienes Culturales de la Junta de Andalucía dicta Resolución por la que se incoa el procedimiento para la inscripción con carácter específico, como Lugar de Interés Etnológico, de la fábrica de harinas Nuestra Señora del Rosario de Fuerte del Rey en Jaén. La intención de este texto es dar a conocer este proceso de catalogación, en el cual se destacan tanto las características constructivas del inmueble y los muebles asociados al mismo, su maquinaria, como su significación histórica y el futuro proyecto de intervención.
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La fábrica
El edificio, construido en los años 30, se encuentra en un lugar céntrico del casco urbano. Está detrás de la casa de los antiguos propietarios, separada de ésta por un pequeño patio. En el inmueble se advierten tres espacios contiguos pero diferenciados. El primero es una construcción rectangular donde se encuentra la maquinaria. Consta de dos plantas y un semisótano, con una ocupación en planta de 106’72 m2. La fachada de este espacio, que es la del edificio en su conjunto, da al patio referido y se orienta, al igual que la fachada de la casa de los anteriores dueños del inmueble, a la cabecera del templo parroquial del pueblo. El segundo espacio, transversal a éste, es el de nave-almacén, con una superficie rectangular más alargada que la crujía anterior, con dos plantas en altura y una ocupación en planta de 149’70 m2. El tercer espacio es un anejo con diversas dependencias y una extensión en planta de 88’29 m2 .
El semisótano y la planta baja de las salas de la molienda están resueltos con forjados de viguetas de madera apoyadas en muros y jácenas metálicas, y entrevigado del mismo material. En la planta primera encontramos viguetas de acero y bovedilla de ladrillo. La cubierta es plana, de planchas de acero soldadas, resultado de una reforma de la azotea en los años 60. El suelo del semisótano es de cemento y el de las plantas de piso de madera.
La nave-almacén se construye de forma tradicional, con muros de carga de tapial, con zócalos de piedra, revestidos de sillarejo y enlucidos con yeso. La planta baja está resuelta con forjado de viguetas metálicas que descansan en muros laterales y viga central, la planta primera consta de cubierta a dos aguas renovada recientemente con teja curva cerámica sobre estructura de rollizo y tablero de madera con cerchón. En la planta baja el suelo es de baldosa hidráulica y carece de pavimento en la primera.
En cuanto al edificio de anejos, éste está resuelto en la planta baja con entramado de rollizos de madera y entrevigado de ladrillo a revoltón que descansa sobre muros y machones y en la planta primera con cubierta a dos aguas con teja curva cerámica sobre estructura de rollizos de madera y tablero en pendiente de ladrillo, apoyadas en muros extremos y pórtico intermedio de machones de fábrica y dintel de madera. El suelo es de baldosa hidráulica en planta baja y sin pavimento en la primera.
Tanto las paredes de las naves-almacén como del espacio de anejos se encuentran revestidas de yeso y revocadas con cal. La carpintería de la fábrica es de madera en puertas y ventanas. Las escaleras en el espacio de la molinería son de madera y en el resto de peldañeado de ladrillo. Como una peculiaridad para la época y el lugar hemos de resaltar que el edificio principal, el de la maquinaria, se levanta mediante una estructura de hormigón armado, una solución constructiva que hasta casi cincuenta años después no va a ser usada de forma regular en las edificaciones de la localidad.
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El proceso productivo
Esta industria harinera pertenece a la categoría de fábrica de cilindros, por ser los molinos de este tipo, y de molienda alta, al tener una clasificación de harinas aceptable posibilitada por tener rodillos con una separación gradual. Su actividad fundamental hasta 1974 fue la molienda de trigo (aunque en ocasiones se molían otros granos) de buena parte de la comarca, formando parte del sistema productivo y comercial de la campiña cerealística jiennense hasta los años setenta.
La mayoría de las máquinas de la fábrica se encuentran lógicamente en el espacio de la molinería, desde el semisotano hasta la planta primera, aunque algunas máquinas que intervenían en el proceso de transformación están en las naves-almacén del edificio. En el sótano está el motor, que, utilizando energía eléctrica, hacía mover toda la maquinaria de la fábrica, a través de transmisiones, de correas movidas por poleas que se conectan de una planta a otra por una serie bocas. El cereal pasaba de una máquina a otra a través de unos sinfines o roscas, por lo que subía y bajaba varias veces de unas plantas a otras. El trigo era traído por caballerías o en camión y se depositaba en el almacén de la fábrica. De aquí se echaba en la tolva, para poder ir limpiándolo y moliendo. Ésta está situada en el semisotano y tenía una capacidad de unos cuatro mil quinientos kilos. Desde aquí era subido por un elevador a la tarara, también llamada monitor o zig-zag, localizada en la planta primera de la nave-almacén. Aquí se iba cribando y limpiando el cereal, para pasar después a la deschinadora cuya función era, como su nombre indica, la de quitarle las posibles chinas o piedras que trajera el trigo. El paso siguiente era la despuntadora, máquina que funcionaba a unas mil quinientas revoluciones por minuto y que despuntaba el trigo desprendiéndolo del germen, que le daría acidez a la harina. El polvo que salía de todo este proceso pasaba mediante la acción de un ventilador hasta el ciclón. Mediante un proceso de centrifugado las partículas más volátiles tendían a subir por un tubo de ventilación hasta el exterior, quedándose en el ciclón las más pesadas. De aquí se iban almacenando en los sacos.
Cuando el trigo estaba limpio había que humedecerlo. Así, de la despuntadora bajaba al lavadero para ser mojado y lavado, y desde aquí subía a la noria. Ésta tiene unas paletas en forma de cangilones redondos que eran movidas a medida que el trigo iba cayendo, con lo cual se iba accionando el mecanismo de caída de agua y el trigo iba cogiendo la humedad necesaria. Por unos sinfines el trigo pasaba de dicha noria a los depósitos o cajones acondicionadores, donde reposaba durante veinticuatro horas si era duro o de dieciséis a dieciocho si era blando. Dos de los cajones tenían una capacidad de dos mil ochocientos kilos y el otro de mil setecientos. Entonces bajaba al triarvejón, cuya función era la de quitar los arvejones, semilla redonda que suele llevar el trigo, además de otro tipo de leguminosas que pudiera llevar. De aquí pasaba al depósito de espera, a los cajones denominados de volteo, que están en la planta de los molinos, en la planta baja, donde el trigo permanecía de seis a ocho horas, hasta el momento de su molturación. Antes de entrar en los molinos pasaba previamente por la máquina magnética donde se quedaban las puntas, tornillos y otros elementos metálicos que pudiesen ir con el trigo, por el efecto del imán.
El paso siguiente era la molienda. Esta fábrica realizaba una molienda redonda o alta, conocida también como molienda a la húngara. Ello es debido a que se procuraba moler obteniendo la menor cantidad de harina posible en cada operación para poder clasificarla y ordenarla mejor. Los molinos llevan dos cilindros, uno encima del otro, que iban rotando en sentido contrario. Su función era la de rajar la semilla por medio de unas estrías que lleva el de abajo y separar así la sémola de la cascarilla. La molienda era gradual, ya que pasaba de un molino a otro previo paso por los plansichter de la sala de arriba donde se iba clasificando, limpiando y, a su vez, desapelmazando lo molido al tener estas máquinas desatadores. Los molinos, siguiendo el orden de la molturación, cada vez están más juntos y van teniendo las estrías más finas, es decir, tienen más canaladuras, hasta que en las tres últimas máquinas ya son lisos. A éstos llegaba la sémola más fina, la cual posteriormente subía al sasor donde pasaba por varios tamices, los últimos de seda, clasificando y limpiando aún más la harina. Los plansichter y el sasor eran, por tanto, maquinas cernedoras que limpiaban de impurezas lo molturado y, a su vez, lo clasificaba en productos de distinta calidad. También entraban en este proceso las cepilladoras, que deshacían bien la harina y permitían la mejor clasificación de la misma. El polvo que salía de la harina y del trigo en todo este proceso iba a parar a los colectores de polvo. Hay dos, uno para la harina y otro para el trigo.
Cada producto resultante de esta operación (salvados, harinillas y harinas de distintas calidades) pasaba por unos sinfines a la planta baja del almacén. Es aquí donde se hacían las mezclas de cada saco, con las proporciones de cada producto que debían llevar, debidamente pesadas en la báscula. El paso siguiente era la distribución y comercialización.
En cuanto a la época de funcionamiento de la fábrica, ésta no estaba directamente relacionada con el ciclo agrícola. Únicamente dependía de la demanda. La materia prima principal era el trigo, del que existían distintas variedades, unas quince. Normalmente se trabajaba la mezcla, la cual variaba dependiendo de los distintos pedidos que cambiaban en función de para qué se utilizara la harina. Así, por ejemplo, algunos tipos de harina daban más viscosidad y eran utilizados para repostería, otros tenían más gluten y hacían subir o aumentar de tamaño el pan, etc.. También hubo ocasiones en que se hacía mezcla de trigo con maíz, cebada o centeno. En esta época fue fundamental el Servicio Nacional del Trigo, ya que se vendía dicho cereal directamente a este organismo a un precio estipulado, era éste el que asignaba la cantidad y tipo de producción que debía tener cada fábrica o molino y el que también adjudicaba a cada panadería el tanto por ciento de lo que ésta solicitaba. La harina se adjudicaba por núcleos de población, y no necesariamente se adquiría en el silo del mismo municipio.
En la fábrica se trabajaba prácticamente durante todo el año. El trabajo se organizaba en dos turnos diarios, de doce horas cada uno. En cada turno trabajaban cuatro personas: una vigilaba la parte del cernido, otras dos se encargaban del empaque, de llenar los sacos y hacer las mezclas, y después se encontraba el jefe o maestro harinero, que se encargaba de vigilar todo el funcionamiento de la fábrica. Éste se situaba generalmente enfrente de los molinos, que según su parecer era el mejor lugar para controlar el proceso de producción. Dichos molinos tienen una portezuela en su parte superior con un cristal y por aquí se observaba la molienda del trigo. Si uno de los molinos devolvía el trigo, significaba que alguna maquina estaba atascada. Entonces se paraba el molino correspondiente mediante una palanca que tenía en su parte delantera y se examinaba la maquinaria. También avisaba del mal funcionamiento de la fábrica la existencia de impurezas en otras máquinas donde por la fase de transformación en que se encontraba no debiera haber.
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El proceso de catalogación
El Ayuntamiento de Fuerte del Rey adquirió en junio de 2000 esta fábrica para restaurarla y adecuarla como museo, y se puso en contacto con la Delegación de Cultura de Jaén en mayo de 2001 solicitando el pronunciamiento sobre el interés cultural del edificio y la maquinaria en él contenida. La Delegación además de informar sobre la fábrica y sus valores históricos y etnológicos, propone la incoación de expediente para la protección de dichos valores, elaborando la documentación técnica acerca del inmueble y los conocimientos y prácticas asociados al mismo. A su vez, durante este tiempo, el Ayuntamiento, a través de la Diputación Provincial de Jaén, realiza un proyecto que tiene por objeto describir y valorar las actuaciones y obras a realizar en la fábrica para su habilitación como Instituto para la Conservación de la Tecnología y la Memoria Agraria (ICOTEMA), nombre que define no sólo una rehabilitación constructiva sino también el proyecto patrimonial que se pretende llevar a cabo.
Para la administración andaluza la justificación de la inclusión de este inmueble en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz con carácter específico es doble.
En primer lugar, por el interés que en sí tiene el edificio, en cuanto elemento que nos ayuda a comprender aspectos socioeconómicos y culturales de una época concreta en la campiña jiennense. Estamos ante una fábrica de harina de los años 30 cuya actividad básica, como hemos comentado, era la molienda del trigo. En esta comarca predomina el olivar pero hasta hace poco prevalecían las tierras calmas, dedicadas al cultivo de herbáceos. Esta fábrica recogía y molía los granos de buena parte de la campiña, formando parte de un sistema productivo y comercial que ya en los años setenta empieza a resquebrajarse. A pesar del desuso y el propio paso del tiempo, se mantiene en un estado relativamente bueno de conservación y alberga casi la totalidad de los elementos utilizados en este sistema de molienda. Constituye, por tanto, un exponente clave del pasado reciente de Fuerte del Rey, como centro económico y espacio de sociabilidad.
En segundo lugar, por el proyecto que lleva a cabo el Ayuntamiento de Fuerte del Rey, que por una parte pretende reparar los desperfectos y daños del edificio y el mobiliario y, por otra, constituir ICOTEMA. Se quiere, por un lado, conservar y restaurar las salas de la maquinaria y, por otro, adecuar los almacenes para salas interactivas de trabajo y exposición, convirtiéndose en un centro de documentación e interpretación. Este proyecto se asocia con otros que llevarán a cabo estudios sobre las características propias de este agroecosistema, así como de las formas de vida desarrolladas en esta campiña. La idea es relacionar el ciclo agrícola con el ciclo de la vida, conociendo de una forma dinámica distintos aspectos culturales del pasado reciente de esta localidad y su comarca.
Este inmueble es testimonio de la evolución socioeconómica de dicha comarca y aspira ser en un futuro próximo espacio de difusión y recuperación de las formas de vida y la memoria colectiva de esta sociedad. Así pues, esta fábrica se convertirá en un espacio de investigación, de reflexión, pero también se quiere que sea un ámbito de relación, de actuación, con lo cual, además de referente histórico, será un recurso y una vía por el que los diferentes grupos sociales de la localidad pensarán y definirán su patrimonio histórico, conservando de paso un inmueble a través de utilización. En nuestra opinión ese es el valor añadido de esta apuesta. La fábrica es un elemento histórico, pero también es texto histórico, que además puede reescribirse. Es patrimonio y contexto para el patrimonio.
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Instamos a que nos escriban sobre la evolución que ha desarrollado este magnífico edificio desde su declaración como Lugar de Interés Etnológico en 2001.
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Fuente:
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