lunes, 27 de octubre de 2008

Alternativas a la piqueta (I): la rehabilitación de antiguas fábricas de harinas como viviendas

Tristemente vemos con demasiada asiduidad que las abandonadas harineras son vistas por los constructores únicamente como solares donde edificar bloques de nueva planta.

Los amplios espacios urbanos de estos establecimientos industriales son extremadamente golosos para los especuladores inmobiliarios, bien constructores, bien concejales de urbanismo sin escrúpulos.

Son numerosos los casos en que se destruyen las viejas fábricas allí ubicadas, quedando sólo su recuerdo fotográfico cuando algún nostálgico (dichosos ellos) decide inmortalizarlas antes de acabar destruidas. En algún caso incluso se puede rastrear incluso su existencia por la huella toponímica que han dejado: nombres de calles, barrios, e incluso de planes parciales urbanísticos (como los de Alicante o Huesca, ambos de total actualidad).

Pero para no caer en la desesperanza e incluso promover movimientos de preservación de este tipo de patrimonio industrial, vamos a recoger algunos ejemplos de reconversión de antiguas fábricas de harinas como viviendas.

Los casos que tenemos constatados por el momento son tres. En Barcelona capital, dos fábricas de harinas han sido rehabilitadas como oficinas y viviendas. Corresponden a las antiguas harineras Can Gili Vell y Can Gili Nou, ubicadas en el barrio del Poblenou.

En Tudela de Duero (Valladolid), la fábrica de harinas «La Treinta» fue hace años transformada un bloque de casas particulares. Esta harinera data de 1932, fecha en que fue erigida por la sociedad Hijos de Aquilino Sánchez. Pasó a propiedad de Miguel Sáez Sánchez en 1943, quien continuaba siendo su dueño y explotador en 1990 según el libro de Miguel Á. Carrera de la Red.

Es cierto que para habilitar como vivienda una fábrica de harinas debe destruirse toda su maquinaria y distribución arquitectónica interior, con lo que ello tiene de negativo en muchos casos. Nosotros somos partidarios de conservar no sólo los contenedores, sino los contenidos. Pero somos plenamente realistas, y comprendemos que no todas las máquinas y utillajes de todas las fábricas de harinas pueden salvarse.

Por ello no nos parece mal que se planteen soluciones intermedias en edificios como los que acabamos de ver. Entendemos que son alternativas mucho mejores a la destrucción total de los edificios industriales. Pero planteamos que, en los casos de que dichas fábricas contengan maquinaria o archivos, estos deben ser obligatoriamente inventariados.

Una vez catalogados por expertos, debe valorarse su conservación, que será total en el caso de la documentación (pasará al Archivo Histórico Provincial correspondiente). Para las máquinas y utillajes nosotros propondríamos su total conservación en almacenes de museos o instituciones relacionadas con el patrimonio industrial, aunque somos plenamente conscientes de las dificultades que ello entraña, por lo que podría reducirse a la conservación solamente de un tipo o modelo de cada elemento y marca, como testimonio para el futuro, y la concienzuda documentación del resto previa a su destrucción o venta.