martes, 27 de octubre de 2009

Artículo "El histórico molino de agua"

Recientemente hemos leido en La Tribuna de Albacete, el siguiente artículo escrito por Ángel Ñacle, quien también es el autor de la fotografía que lo ilustra, correspondiente al molino harinero de la localidad de Alcantarilla de Arriba, en el municipio albaceteño de Yeste.


El histórico molino de agua

Parece ser que en la antigüedad se desarrollaron dos tipos distintos de molinos de agua aunque se sabe muy poco acerca de sus orígenes, aparte de que ambos funcionaban ya en el este del Mediterráneo y en el cercano Oriente hacia el siglo I a. C. El arquitecto romano Vitrubio, que vivió en este siglo, describió detalladamente dos tipos de molinos, los del primer tipo (que obviaremos) todavía se utiliza en partes remotas de la Península escandinava y en el área de los Balcanes, mientras que los del segundo se desarrollaron en los valles de los grandes ríos y, a su vez, eran de dos clases: uno de impulsión inferior en el que el agua pasaba por debajo de la rueda arrastrando los canjilones a medida que circulaba, y otro de impulsión superior en el que el agua era conducida mediante un canal hasta la parte superior de la rueda, y desde allí, al caer, llenaba unos recipientes en forma de cajas colocados en torno a una circunferencia; de este modo la rueda se movía no solo debido a la fuerza del agua sino al peso de la que llenaba los recipientes.

Durante la Alta Edad Media el molino de agua se convirtió en una importante fuente de energía y comenzó a proliferar allí donde había un curso de agua hasta el punto de que había pocas comunidades de población sin un molino y muchas de ellas tenían más de uno. Precisamente una de las características más destacables de la historia de la técnica medieval es la generalización industrial de la energía hidráulica y desde mediados del siglo XI el molino de agua es empleado en las fábricas de harinas.

Los molinos son edificios que tienen características especiales ya que suelen tener la doble función de explotación agrícola y de molino propiamente dicho, por lo que tienen elementos que en el resto de edificios rurales no se dan. En las zonas de la provincia con ríos caudalosos como son el Cabriel, Júcar, Segura, Mundo, Tus, Zumeta, Taibilla y numerosos arroyos de abundantes aguas, es decir, principalmente la comarca de La Manchuela y las Sierras de Alcaraz y Segura, los antiguos molinos harineros utilizaban la fuerza motriz del agua proveniente de los ríos y de la mayoría de sus arroyos para represar y derivar una parte del agua forzándola a pasar a través de un caz o acequia, de varias decenas de metros de longitud, que iba aumentando la altura sobre el nivel del terreno, para llevarla a la instalación, donde se dejaba almacenar en el cubo para, posteriormente, dejarla caer con fuerza en el cárcavo sobre la turbina o rueda hidráulica.

Como digo, primeramente el agua se embalsaba mediante una pequeña presa, desde donde se derivaba la acequia (de obra o excavada directamente en la tierra), que se conoce como caz, y que era controlada mediante una serie de compuertas que dejaban pasar el agua en mayor o menor cantidad. Terminaba el caz en una gran arqueta, el cubo, de varios metros de altura, de fuerte construcción para que pudiera aguantar bien la presión del agua, cuya misión era que el agua almacenada cayera con gran fuerza y de manera constante y uniforme sobre la turbina, que quedaba en la parte inferior por debajo del nivel de superficie del terreno. Del cubo salía una tubería de fuerte inclinación (con una rejilla para detener las posibles matas o ramas) por donde caía con gran fuerza el agua al cárcavo, donde estaba la turbina, consiguiendo con ello la energía necesaria para mover toda la maquinaria. Una vez allí, a través de una compuerta, el bocabocín, el chorro es dirigido a los álabes del rodezno cuya forma cóncava aprovecha esa violencia del choque y hacen girar a la rueda. Lo fundamental de su maquinaria es el sistema formado por el rodezno-árbol-muela volandera cuyo giro solidario permite la moltura sobre la muela solera. Pieza clave del engranaje para que el agua tuviese siempre la misma presión es la rejilla o rasera que se baja para que se llene de agua el cubo y a partir de ahí se mueve a medida que entra el agua a gusto del molinero, por tanto la rasera sirve para dar agua o para quitarla y sobre todo para mantener el mismo nivel. Este tipo de molino sirve para cualquier clase de cereales: trigo, cebada, centeno, maíz, etc.

Cuando llega al molino el grano, en costales o en sacos, hay que realizar dos trabajos preliminares: el primero es pesarlo para lo cual se utiliza principalmente la media fanega (una fanega son 11,5 kilos) y el segundo es limpiarlo, para ello se utiliza la limpia, una máquina movida por una polea a través de una correa de cuero, que le transmite el movimiento desde el eje principal.

La molienda propiamente dicha comenzaba echando el grano limpio en la tolva, desde ella cae en las muelas a través de la canalilla, utilizándose la cibera para conseguir que caiga mayor o menor cantidad de grano. Para facilitar la caída del grano, la canalilla se hacía temblar por medio del eje principal que, justo a su altura, se recubría con pedazos de caña, de este modo, al rozar el eje contra ella la movía, pero no de manera continua y uniforme sino a pequeños golpes intermitentes. El grano caía entre las muelas por el agujero central y con el rozamiento se molía convirtiéndose en harina.