lunes, 5 de mayo de 2008

Intento de recuperación del Molino de Bolarque en Almonacid de Zorita (Guadalajara, España)

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Noticia de Nazaret León en El Decano de Guadalajara (07-03-2008):
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El alcalde de Almonacid de Zorita, Gabriel Ruiz, presentó el 6 de marzo de 2008 los convenios firmados por el Ayuntamiento con Unión Fenosa y el Centro Superior de Investigaciones Científicas, para la recuperación y puesta en valor de una de las infraetructuras de mayor importancia de siglos pasados en la localidad, los molinos harineros, en el centenario de las obras del salto de Bolarque (1907-1910).
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Bajo esta idea, el Ayuntamiento firmó un primer convenio con Unión Fenosa, de cuatro años de duración prorrogables y por un importe de 80.000 euros, para el desarrollo, promoción histórica y arqueológica del antiguo Molino de Bolarque. Un acuerdo que hará posible conocer la historia del mismo, exponer las fotografías con las que cuenta el archivo de la empresa sobre este aspecto, y editar un libro que recoja todos los datos.
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En este sentido, cabe recordar que la localidad acoge desde hace tres años la instalación de una nueva central hidráulica de Unión Fenosa junto a estos molinos harineros, que aprovechará el caudal mínimo de mantenimiento del cauce del río, y generará 4 megawatios de electricidad.
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El segundo convenio se ha firmado con el Centro Superior de Investigaciones Científicas, con un año de duración y un importe de 23.424 euros. Este acuerdo persigue dos objetivos: estudiar, documentar e historiar los aprovechamientos hidráulicos de Bolarque desde la Edad Media hasta principios del s.XX; así como el estudio, digitalización y exposición del archivo fotográfico del Salto de Bolarque.
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El alcalde Almonacid, mostró su deseo de que la reconstrucción pueda comenzar antes de finales de año.
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Reportaje de Marta Jiménez Herrera en El Decano de Guadalajara (01-02-2008):
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La tercera central de Bolarque, «Los Molinos de Bolarque», está empezando a calentar motores para producir energía en el primer trimestre de 2009. Estará situada en la margen izquierda del río aguas abajo de la presa, en una zona que ya se había recuperado en 1975 con la construcción de la central reversible Bolarque II, y hasta ahora era un jardín. Estará enterrada a nueve metros y, una vez que esté terminada, sólo se verá su cubierta. Su función será aprovechar al máximo los caudales de mantenimiento necesarios en el Tajo, una operación que hasta ahora desarrollaba la central Bolarque I, que se ha quedado obsoleta.

La nueva instalación toma su nombre por su cercanía a los restos de un gran molino medieval, que salieron a la luz con las obras de construcción de Bolarque II, en 1975. Además de por su tamaño, la excepcionalidad de este molino harinero reside en la ingente documentación que se conserva en diferentes archivos, como los libros de contabilidad. Una «joya» que el Consistorio de Almonacid quiere recuperar. Entre otras actuaciones, este año se elaborará un estudio histórico.

A las puertas del centenario de la inauguración de su presa, en 2010, Bolarque se prepara para albergar una nueva central hidroeléctrica, «Los Molinos de Bolarque», que comenzará a producir energía a principios del próximo año. La instalación estará hundida nueve metros en una zona que ya se había recuperado en la margen izquierda del río, aguas abajo de la presa, en 1975, cuando se construyó la central reversible de Bolarque II, y hasta ahora era un jardín. Por lo tanto, el impacto ambiental en la zona es muy pequeño, según aclaran fuentes de Unión Fenosa, propietaria del complejo. Además, una vez terminada la central, sólo se verá la cubierta, que se construirá con teja envejecida para que esté perfectamente integrada en el entorno, de acuerdo con las exigencias del Ayuntamiento de Almonacid. «El agua se tomará de la misma presa, a través de dos tuberías ya existentes, que se dejaron en 1975 para vaciado del embalse, por lo que tampoco va a afectar a la estructura de la presa», señalan fuentes de la empresa eléctrica.

La principal ventaja es que prácticamente toda la parte importante de la obra ya está realizada. Las máquinas echan humo desde noviembre y hasta ahora ya han hecho el hoyo donde se ubicará la central y están adecuando el ramal de conducción de agua, que tendrá una longitud de 300 metros, así como el canal de salida. En cuanto a los datos técnicos, cabe precisar que la instalación tendrá dos grupos de eje horizontal (tipo Francis) de 2 megawatios de potencia cada uno, que turbinarán un caudal nominal de 12 metros cúbicos por segundo, con un salto neto de cerca de 40 metros.

Unión Fenosa comenzó a fraguar la idea de esta nueva central hace cuatro años, viendo que la antigua Bolarque I, que se construyó en 1954, se quedaba obsoleta en cuanto al aprovechamiento óptimo de los caudales de mantenimiento necesarios en el Tajo, que en la actualidad se sitúan entre los 6 y 8 metros cúbicos por segundo, teniendo en cuenta que en los últimos 10 años, el 90 por ciento del tiempo se ha trabajado por debajo del mínimo técnico (fijado en 18 metros cúbicos por segundo), porque estaba diseñada para recibir caudales mayores.

Prueba de su falta de eficiencia es que Bolarque I, sólo para girar, sin producir energía, consume el equivalente a 8 metros cúbicos por segundo. De este modo, «Los Molinos de Bolarque» se encargará de realizar una buena gestión del caudal ecológico y obtener un mayor rendimiento aprovechando esos 8 metros cúbicos que ahora se vierten sin producir nada (porque Bolarque I no puede bajar por debajo de ese caudal), para conseguir sacar 4.000 kilowatios, que se aportarán al sistema eléctrico nacional y abastecerán a cerca de 1.000 familias. La idea es que durante el verano, cuando el Tajo tiene más agua porque es cuando se efectúa fundamentalmente el regadío, funcione Bolarque I, mientras en el invierno, con caudales menores, lo haga la de Los Molinos, aunque todo dependerá del ciclo hidrológico del año. Ahora bien, la nueva central está limitada a 6 metros cúbicos por segundo, de manera que si hay un caudal superior habría que soltarlo por Bolarque I.

Así, se prevé que la producción conjunta entre Bolarque I y Los Molinos alcance los 33 gigawatios hora al año, frente a los 23 que ha venido produciendo sólo Bolarque I entre 1989 y 1999. En definitiva, con la nueva instalación se conseguirá una mejora en el funcionamiento de la antigua central de 1954 y, por tanto, del conjunto del sistema.

Un molino con mucha historia
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La central toma el nombre de «Los Molinos de Bolarque» en homenaje a los restos medievales de un gran molino, que se encuentran a apenas 50 metros de donde estará ubicada la nueva instalación. Una de las principales características de este molino es su gran tamaño, ya que llegó a tener seis ruedas funcionando, en alguna ocasión, al mismo tiempo. Sólo se encontraba este tipo de molinos en los grandes ríos con abundancia de caudal y en contados puntos del mismo río Tajo, como en Buendía, que quedó inundado, el Duero o el Ebro.

Para Francisco Fernández Izquierdo, investigador científico en el Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y que llevó a cabo un proyecto investigación inicial en el año 2000 sobre este molino, su excepcionalidad reside en la ingente documentación que se conserva, algo inédito. Aparece recogido en el primer fuero de Almonacid, a finales del siglo XII, pero es presumible que existiese con anterioridad, en la época árabe. Así, figuran diversos libros de contabilidad, en los que consta de manera pormenorizada la producción del mismo desde mediados del siglo XVI hasta mediados del siglo XVII, así como dos ejemplares (que se encuentran en el Ayuntamiento de Almonacid) con diversas anotaciones del concejal de turno, que iba todas las semanas a retirar la «maquila», un porcentaje que se detraía por la explotación del molino para moler los sacos de trigo y centeno, y se almacenaba en un arcón, y posteriormente se trasladaba al silo municipal. En algunos años, durante el siglo XVI, su producción superó las 20.000 fanegas. Asimismo, también existen numerosos documentos sobre las reformas que se acometieron en el mismo, como consecuencia de las diversas crecidas que sufrió, así como informes relativos al mantenimiento, al cambio de muelas (que provenían de la Sierra de Madrid, en concreto de Colmenar Viejo, y Toledo), contratos de los molineros o arriendos.

En este sentido, cabe recordar que siempre había dos molineros, que rara vez eran de Almonacid, y a los que pagaban una parte en dinero, y otra con grano. Asimismo, también se sabe que «periódicamente hacían una limpieza del molino debido al gran polvo que se acumulaba tras la molienda, que se denominaba harija», señala Fernández Izquierdo. Normalmente, el trigo y el centeno eran los granos que más se molían para hacer pan, aunque en casos excepcionales también se molía cebada para perros.

El molino estuvo bajo la tutela de la Orden de Calatrava desde el siglo XII hasta el siglo XIV. Precisamente, uno de los acontecimientos más importantes en la historia de este molino tuvo lugar en 1410, cuando el rey de Castilla Juan II, tras un gran litigio, adjudicó su posesión al concejo de Almonacid, propietario hasta mediados del siglo XIX, y cuyo pergamino original se encuentra en el Museo de Bolarque. «El objetivo de la Orden era tener un mercado cautivo y obligaba a los vecinos de otros pueblos, como Albalate, a acudir a este molino. También, se plantearon construir un puente que conectara con Sayatón y Pastrana», comenta Fernández Izquierdo.

De acuerdo con la documentación del siglo XVI, el tipo de molino era de rueda horizontal o rodezno, aunque posteriormente, en el siglo XVII se reformó e introdujeron cubas de regolfo en las cárcavas, un sistema mucho más productivo, que requería un gran caudal para mover los mecanismos. El agua giraba en el sentido contrario a las agujas del reloj, y con ella el rodete, el eje y la piedra. La principal ventaja de Bolarque es que en un tramo de 400 metros existía una caída de nivel de diez. «El agua se traía a nivel desde la parte alta del río por la ladera de la montaña a través de un canal, y se conducía a través de diversas canalizaciones hasta el molino; impactaba contra la rueda de paletas verticales y la hacía girar, transmitiendo el movimiento a la rueda de la piedra de moler», indican fuentes de Unión Fenosa.

La última referencia que se tiene sobre el molino data de su posible venta, con al desamortización de Madoz, en el siglo XIX, aunque estuvo operativo hasta 1907, cuando lo volaron para ejecutar las obras de la presa de Bolarque.

Proyectos con paso firme

Las ruinas de este molino salieron a la luz con las obras de construcción de la central Bolarque II, en 1975. En la actualidad, los restos que quedan son cuatro ruedas, aunque probablemente haya otras dos ocultas, y la cámara de carga. «Es una auténtica joya», destaca el alcalde de Almonacid, Gabriel Ruiz. Aunque en un primer momento, el Consistorio se propuso «limpiar la zona, acotarla y poner un cartel identificativo», ahora afronta una empresa de mayor envergadura al firmar el pasado martes, 29 de enero, un convenio con Generación Peninsular (propiedad de Unión Fenosa y encargada de ejecutar las obras de la nueva central) para restaurarlo, o incluso, reconstruirlo.

Asimismo, en breve, también tiene previsto firmar un acuerdo con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas para llevar a cabo un proyecto, que consiste en la realización de un estudio histórico documental sobre el molino, así como de los diversos aprovechamientos hidráulicos en Bolarque, que estará listo este año. «Además de inventariar toda la documentación existente en diferentes archivos, nuestro objetivo es ir más allá, y a través de la producción que generaba el molino, deducir los caudales del río, y hacer un seguimiento de los problemas que surgían respecto a su explotación, técnicos, con los usuarios del río, como con las maderadas que bajaban de Cuenca y Madrid; en ocasiones grandes troncos entraban en el molino, lo que ocasionaba graves deterioros», puntualiza Fernández Izquierdo. La segunda parte del proyecto se centra en una exposición conmemorativa de las imágenes del Salto de Bolarque. «Haremos un inventariado de las fotografías que se obtuvieron durante la construcción de la presa, así como de imágenes de 1904 a 1940, que están en el archivo de Unión Fenosa. Estará lista antes del verano y se expondrá en Almonacid, pero la idea es trasladarla a Guadalajara y Madrid”.

Casi un siglo "enganchados" a la red

Siguiendo con la tradición de retener las aguas del Tajo y el Guadiela en el estrechamiento de Bolarque, a comienzos del siglo XX se inició el proyecto y construcción de un moderno embalse y salto de agua, al objeto de aprovecharlo para la producción de energía eléctrica», relata Antonio Herrera Casado en Historia de Almonacid de Zorita. En concreto, las obras se iniciaron en 1907 por iniciativa de Juan Ron, heredero del marqués de Urquijo y la Duquesa de Pastrana, y el proyecto fue encomendado al ingeniero Luis de la Peña y Braña. La empresa de controlar los aportes acuíferos de los ríos Tajo y Guadiela fue tan grandiosa, que el rey Alfonso XIII asistió a la inuguración, el 23 de junio de 1910. De aquella visita, todavía quedan los restos en el lago de Bolarque de un merendero junto al salto, y una pequeña playa aneja, pero sumergido a escasa profundidad, desde el que el monarca ordenó y supervisó el primer cierre de las compuertas.

Cabe destacar que la construcción de la presa supuso un importante aumento de población en la zona, desviando hacia la construcción y los servicios a buena parte de la ciudadanía dedicada al cultivo de la tierra.

«Tras ello, se constituyó en 1912 la compañía Unión Eléctrica Madrileña, que lo explotó sin interrupción hasta hoy, aunque ahora bajo las siglas de Unión Fenosa», añade Herrera Casado. Una primera central eléctrica, que llegó a tener seis turbinas con 17.000 kilowatios de potencia, donde se encuentra actualmente el Museo de Bolarque, surtió de electricidad a Madrid en su primera etapa. A pesar de que su construcción data del año 1910, por lo que es uno de los embalses más antiguos de España, tuvo que sufrir numerosas remodelaciones, y en 1954 se recreció, coincidiendo con la construcción de los embalses de Entrepeñas y Buendía, dándose por terminada definitivamente esta obra.

«Después, en los años 70, se construyó la central reversible de Bolarque II, con dos funciones muy concretas: la producción de energía eléctrica para integrarla a la red nacional, y la más importante de elevar el agua hasta el embalse de La Bujeda, en una cota 200 metros superior, para iniciar allí el trasvase Tajo-Segura», indica Herrera Casado en Historia de Almonacid de Zorita.

Un museo único en España
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El Museo de Bolarque, visitado por más de 5.000 personas al año, es una referencia nacional en el sector de la electricidad. Asentado en la nave que albergó la primera central hidráulica de 1910, el Museo guarda diversos recuerdos de la gestación, construcción y primeros tiempos del Salto de Bolarque, tales como su proyecto inicial de 1903, su autorización administrativa, planos y fotografías de la época, etcétera, así como los pupitres de control de uno de los primeros y del último de los grupos generadores con que estuvo dotada la primitiva central.

También se concede un lugar destacado a todo lo relacionado con la fundación y primeros tiempos de la Sociedad Hidroeléctrica Española, y así se conservan recuerdos procedentes de la que durante tantos años fue su sede social en la Gran Vía madrileña, con la sala de reuniones del Consejo de Administración, varias arcas de caudales de la que fuera su oficina de Caja, etcétera. Parte de ello se incluye en una reconstrucción que se ha hecho de una mezcla de oficina administrativa y técnica de aquellos años. Del mismo modo, de la distribución en corriente continua que se efectuaba en las primeras décadas figuran diversos elementos de los más representativos, tales como el cuadro de distribución que tuvo la Central del Mediodía, con una capacidad para 6.000 amperios.

También es muy importante la colección de aparatos de medidas eléctricas de precisión, tanto por su calidad como por la antigüedad de sus ejemplares, ya que pertenecen a los últimos años del siglo XIX o primeros del XX; al igual que la colección de contadores, aparatos telefónicos, topográficos, etcétera, junto con la maquinaria hidráulica.
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Fuentes:
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